vie. Sep 20th, 2019

Juan Vidal: «Cuando se lleva un traje rancio es normal que las propuestas políticas sean rancias»

De alguna manera sí. Intentamos expresarnos con lo que llevamos, nuestro estado anímico se refleja bastante en lo que vestimos.Usted hoy lleva pantalón corto negro, camisa negra, zapatos de vestir negros y calcetines negros. ¿Quién es?Hoy llevo el uniforme, ese que te pones cuando estás cansando y no quieres pensar.¿La elegancia está sobrevalorada?La elegancia hoy es un concepto furtivo, algo que pasa desapercibido. Es un poco esquiva, sutil. Pero yo creo que la elegancia tiene que estar mezclada con otro tipo de ingredientes. A mí tampoco me interesa al cien por cien la elegancia así como así. Me gusta que haya algo más, que la persona demuestre algo más, que vaya más lejos. ¿Ser elegante implica osadía, cierta valentía?Sí. Implica romper barreras, ser atrevido. Significa adoptar nuevas tendencias antes que los demás o vestirte sin importar lo que te digan o cómo te miren.¿Cada cuánto lava la ropa?Pues depende. La ropa interior cada mes, porque tengo cantidades industriales de prendas interiores para cambiarme a diario y no tener que poner la lavadora todos los días. Las camisas, los pantalones, los lavo muchísimo. Tengo un armario muy, muy lleno, pero acabo poniéndome siempre las mismas camisas y los mismos pantalones. Así que tengo que lavar continuamente las cinco prendas que más uso.Se lo pregunto porque la diseñadora Stella McCartney dice que hay que lavar la ropa mucho menos, para que no se estropeen los tejidos y también por el impacto medioambiental. Y Chip Bergh, director ejecutivo de Levi’s, lleva unos vaqueros que desde hace 10 años no lava para evitar que pierdan el color. Dice que simplemente los ‘airea’…Jajaja. Pues la verdad es que me parece normal. Los pantalones que yo llevo en este momento los tengo desde que tenía 16 años, y tengo 38. Somos obsesivos con algunas prendas, yo al menos lo soy.¿Hay mucho postureo en el mundo de la moda?Mazo postureo. Es el mundo del poder de las apariencias.¿Cómo entiende usted la moda?Como algo muy complejo, unido a nosotros desde el nacimiento del pudor. Algo que transforma la sociedad, que nos rodea, embellece lo que tenemos alrededor o todo lo contrario… Nos permite expresar sentimientos, jerarquías. La ropa tiene muchísimo significado, no es algo banal. Pero desafortunadamente no todos lo ven así.Los influencers, ¿son los nuevos petardos?Que va. El petardeo en el mundo de la moda va muchísimo más allá, está en todos los ámbitos. El influencer es un ahora. En este momento de las redes sociales son personas que se han convertido en personajes públicos y en prescriptores de moda. Muchos tienen un poder de captación de seguidores que te deja muy sorprendido, porque realmente convierten.¿Quiere decir que un influencer puede hacer subir la ventas?Sí, y de un modo alucinante.Entre sus clientas están Lady Gaga, Lana del Rey, la reina doña Letizia. ¿Eso cómo funciona? ¿Le llaman un día y le dicen que quieren tal o cuál vestido?Con cada una es diferente. Doña Letizia, por ejemplo, nos contactó a raíz de que me dieran el premio nacional de moda. Conocía mi trabajo y pidió prendas para palparlas, tocarlas y entenderlas, para saber lo que estaba premiando su país. Le encantó un vestido y se lo quedó. Punto pelota.¿Y con Lady Gaga?Lady Gaga tiene un gran equipo de estilistas que están constantemente observando todo en todo el mundo. Ella busca la novedad, renovar la imagen, ofrecer cosas nuevas y ser atrevida. Recibimos un mail de uno de sus estilistas diciéndonos que le había llamado la atención nuestra colección y preguntándonos si estábamos dispuestos a colaborar con ella. Y empezamos a entablar una relación profesional.¿Habla con ella?Ni la conozco. Pero tenemos un contacto fluido con su equipo de estilistas, se les manda un par de zapatos, de vestidos, y ella decide si se los pone o no. ¿Y eso tiene un reflejo en las ventas?Sí, un reflejo absoluto. Lady Gaga es una estrella global, tiene todos los ojos puestos en ella.¿Ve mucho adefesio cuando va por la calle?Sí. La calle está muy fea porque está muy fea y porque vivimos en un momento muy complicado: vamos muy rápido, no tenemos tiempo, queremos ir cómodos… Pero si tuviéramos más cultura de moda sabríamos que el vaquero, por ejemplo, no está hecho para los 40 grados, y sin embargo es lo que más ves por la calle. La calle está fea y a pesar de que esté tan fea me gusta fijarme y descomponerla mentalmente para extraer de ella ciertas pinceladas.¿El feísmo es una tendencia?Sí, la moda lo ha abrazado absolutamente. Yo no lo abrazo tanto como otros. Quizás soy un poco anticuado.¿El vaquero es la gran prenda?Sí. No hay nada, absolutamente nada, que se le pueda comparar.¿Y cuál es el secreto del vaquero?No lo sé. No es que no me gusten los vaqueros, pero no entiendo su misterio. Un vaquero puede ser punk, gótico, tejano, casual, exquisito, pijo… El vaquero tiene una capacidad de transformación brutal y quizás por eso se ha convertido en una prenda universal, fetiche.¿Cómo visten nuestros políticos y políticas? Miro más a ellos que a ellas. Soy hijo de sastre y me fijo en los trajes de ellos. Para mí es muy evidente quien lleva un buen traje y quién no. Cuando alguien lleva un buen traje tiene empaque y presencia. Hay muchos que parece que tienen el traje desde hace 20 años, que se lo ponen tanto para bodas como para el trabajo. Y claro, con un traje rancio es normal que las propuestas políticas sean rancias.¿La ropa transmite poder?La ropa transmite poder, sin duda. Los grandes dirigentes siempre han tenido muy clara la importancia de la estética a la hora de hacer una revolución, de convertirse en dictadores o transformar la sociedad, y han hecho uso de ella. A mí no me gustaría ver al presidente del Gobierno con pantalón corto y chanclas en el Congreso. Y a veces me pregunto si estamos yendo hacia eso, si de verdad nos encaminamos a romper todos los protocolos y si es lo que realmente queremos.

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