mar. Ago 20th, 2019

Por qué los latinoamericanos se desencantan con la democracia

La democracia, una vez faro con el que Occidente pretendía iluminar al mundo, está perdiendo adeptos. Y Latinoamérica no es una excepción. No hablamos (solamente) de los líderes autoritarios que florecen en el continente como en el resto del mundo: también de quienes han decidido seguirles en su desapego. El último Latinobarómetro acotaba la extensión del desencanto: el apoyo a la democracia no llega ni a la mitad de la ciudadanía del continente.

El complementario Barómetro de las Américas confirma el panorama: en la última década aumentó el porcentaje de personas seguras de que la democracia no es el mejor sistema de gobierno posible, pero también, y sobre todo, se incrementó el número de quienes tienen posiciones más indeterminadas. El dato desagregado por países confirma que es ahí, en la tibieza, donde se instala una mayoría, con contadas excepciones (Argentina, Uruguay, Costa Rica). Las naciones más pobladas del continente, Brasil y México, albergan en su seno a millones de habitantes que se mueven en el amplio espectro del desencanto. No en vano ambas han elegido recientemente a presidentes dispuestos a atacar consensos e instituciones para consolidar su poder y el de los suyos.

La evaluación de la democracia se instala así en la ambigüedad más que en el rechazo visceral. Los protagonistas del desencanto son más bien jóvenes y de escaso poder adquisitivo. Ambos grupos muestran una probabilidad sustancialmente menor de mantener una preferencia nítida por la democracia que sus contrapartes mayores y en mejor situación económica.

Por qué los latinoamericanos se desencantan con la democracia

Por qué los latinoamericanos se desencantan con la democracia

Sin embargo, son precisamente las clases acomodadas las que más entusiasmo por la democracia están perdiendo. También los millenials (nacidos después de 1980, incluyendo a los primeros centennials de mediados de los años noventa).

Estas caídas son particularmente alarmantes porque alberga la capacidad de cambiar el punto de encuentro entre oferta y demanda electoral. Las élites económicas cuentan con una mayor capacidad de marcar la agenda y dar forma al futuro de nuestras instituciones. De moldear, en definitiva, la oferta política. Por su parte, los que hoy son jóvenes mañana se convertirán en el centro de la demanda, decidiendo con sus votos si desean un modelo alternativo al de la democracia pluralista.

Por qué los latinoamericanos se desencantan con la democracia

Las opiniones de quienes se están desencantando de la democracia nos las podemos figurar: respetan menos esas mismas instituciones, sobre todo los partidos políticos, ven más corruptos entre los líderes que el resto de ciudadanos, y cargan con un cierto sesgo autoritario, conservador.

Pero aunque los críticos con la democracia nacidos después de 1980 mantienen todos estos rasgos, hay otros que son menos prominentes entre ellos, y que ponen en cuestión algunos mitos.

Por qué los latinoamericanos se desencantan con la democracia

No se aprecian peores expectativas económicas que entre el conjunto de los demo-escépticos. Incluso la ausencia de interés político, aunque estructuralmente presente, es menor para las nuevas generaciones de desconfiados que para las viejas. Algo similar sucede con las clases acomodadas.

¿Qué está sucediendo, pues, para que cunda el desencanto sistémico entre las nuevas generaciones? Para los politólogos Yascha Mounk y Roberto Roa, que han trabajado la cuestión de la erosión de los valores democráticos como pocos en su disciplina, tal vez estemos ante una mirada incompleta por ausencia de referencias vitales: puesto que estas generaciones tienen menos experiencia con regímenes autoritarios que las anteriores, no valoran en la misma medida las ventajas de vivir bajo una democracia. Si esto fuese cierto, deberíamos observar un mayor diferencial de desencanto o ambigüedad entre los nacidos antes y después de 1980 en aquellos países con transiciones más antiguas.

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