vie. Sep 20th, 2019

«Sería una locura sustituir a los astronautas por robots»

La pequeña nave espacial New Horizons ha hecho dos veces historia. El 14 de julio de 2015 entusiasmó al público al sobrevolar Plutón y ofrecer imágenes nunca vistas del planeta enano. A principios de este año, la sonda volvió a acaparar la atención mundial al alcanzar Ultima Thule, un cuerpo celeste del misterioso cinturón de Kuiper, hasta ahora el objeto más distante jamás visitado por una nave.

Durante estas «visitas», New Horizons ha obtenido datos sobre los cuerpos celestes más distantes de nuestro entorno y conseguido información que nos ayuda entender cómo nació nuestro sistema solar. Aunque han pasado más 13 años desde su lanzamiento, la sonda sigue funcionando perfectamente, y le podrían quedar otros 20 años de vida útil.

Una de las personas que decidirá el próximo destino de la sonda es el científico planetario Alan Stern (Nueva Orleans, 1957), investigador principal de la misión. El astrofísico pasó décadas intentando lograr que la NASA encargará una misión a Plutón, y su insistencia ha quedado vindicada por los datos obtenidos en los sobrevuelos, que han revolucionado todo lo que sabemos de la zona más lejana de nuestro sistema planetario. Desde Lisboa, Stern habla con EL MUNDO sobre los retos que New Horizons todavía tiene por delante.

Ultima Thule, fotografiado por la sonda ‘New Horizons’NASA
¿Por qué resultó tan revolucionario el sobrevuelo de Plutón?
Hasta ahora pensábamos que los planetas enanos eran más «simples» que los grandes. Siempre asumimos que no tenían actividad geotérmica, pues al ser más pequeños, pensábamos que se habrían «enfriados». En nuestro sobrevuelo descubrimos que Plutón tiene una complejidad impresionante, con actividad geotérmica, una atmósfera con viento e incluso ciclos estacionales, glaciares que cubren millones de kilómetros, un vasto océano… No entendemos cómo existen esas cosas ahí, y pasaremos las próximas décadas intentando descifrar el misterio.
¿Por qué decidieron fijar Ultima Thule como el siguiente destino de la sonda?
Porque nos ofrece una oportunidad perfecta para estudiar cómo se forman los planetas enanos. Plutón tiene un diámetro de unos 2.400 kilómetros -más o menos la longitud de Europa-, pero Ultima Thule es más o menos del tamaño de la ciudad de Lisboa, y se supone que objetos como éste se juntaron para crear masas mayores con el paso del tiempo. Durante décadas pensamos que esas uniones eran el resultado de colisiones a alta velocidad, pero los datos que New Horizonsnos ha enviado hasta ahora indican que, en realidad, fue una fusión lenta, suave, casi gentil.
¿Sigue a la espera de recibir toda la información obtenida durante el sobrevuelo?
Sí, la totalidad de la información obtenida a principios de 2019 no nos llegará hasta finales del verano de 2020. El retraso se debe a la distancia, pero también a la reducida tasa de transmisión de datos y a la gran distancia a la que está. Las sondas de la misión Voyager de finales de los 70 tenían transmisores con mayor capacidad, pero parte de nuestro objetivo era construir una sonda con un coste 10 veces inferior al de las de Voyager. Fue como construir un coche por una décima parte de lo normal: tuvimos que recortar, y en este caso fue como quedarse con una radio que sólo emite ondas AM.
¿Esa austeridad se ha notado en algún otro aspecto?
No. La sonda funciona de maravilla y podría seguir activa hasta finales de la década de los 30 Durante ese periodo nuestro objetivo es seguir explorando el cinturón de Kuiper y seguir aprendiendo sobre cómo se formó nuestro sistema solar. Plutón es el planeta más lejano que hemos explorado, pero queremos batir nuestro propio récord y llegar incluso más lejos.
¿Qué nos puede contar sobre Dragonfly, la misión que la NASA acaba de anunciar?
Es una expedición increíblemente compleja y difícil. Enviaremos una especie de octocóptero a Titán, una de las lunas de Saturno, que tiene atmósfera, líquidos, geología activa, clima… Dentro de nuestro sistema solar tiene el medioambiente más parecido al que había en la Tierra en sus orígenes. La idea es que Dragonfly aterrice y despegue hasta 10 veces, obteniendo información sobre la geología y astrobiología de ese lugar a lo largo de varios años.
El mes pasado se celebró el 50 aniversario de la llegada de Neil Armstrong a la Luna, ¿qué opina sobre quienes afirman que ha acabado la era de los astronautas, y que la exploración especial debe ser hecha por robots?
Creo que sería una locura dejar de tener astronautas. Mi amigo Steve Squires, el director de la misión de los rover de Marte, suele decir que lo que ellos consiguieron hacer al cabo de cinco años era equivalente a los que habían hecho los astronautas de la misión de Apolo en un fin de semana. Los robots son geniales para entornos peligrosos para los seres humanos, pero los humanos son tremendamente efectivos. Lo mejor es que haya trabajo en conjunto, con los robots como herramientas para ampliar nuestra capacidad.
¿Con misiones cada vez más lejanas, cree que llegaremos a toparnos con vida ahí fuera?
Sí. Hay un trillón de planetas en nuestra galaxia y en muchos hay agua. Es muy probable que la vida sea un fenómeno común en el universo, y que incluso sean comunes las civilizaciones tecnológicas.
¿Le sorprende el entusiasmo que ha generado la misión de New Horizons?
A los seres humanos les fascina la exploración. Sea con Magallanes dando la vuelta al mundo, o con los primeros viajeros polares, o los astronautas pioneros. La exploración nos hace sentir orgullo de nuestra especie y nos da la esperanza de que el futuro por descubrir sea mejor que el presente.
¿Se identifica con esos exploradores del pasado?
Claro, pero también con los del futuro. Para mí es un orgullo seguir el camino forjado por los descubridores de antaño, motivando a las próximas generaciones, que serán las primeras en viajar y vivir por nuestro sistema solar.

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